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Microfisuras del hormigón: por qué se pierde agua

Una piscina de hormigón puede perder agua durante semanas sin que el nivel baje de forma alarmante. Esa aparente calma engaña: una fuga de apenas dos litros por hora equivale a más de 17.000 litros al año, suficiente para alterar la química del agua, encarecer el bombeo y deteriorar la estructura desde dentro.

Por qué el hormigón filtra sin romperse

El hormigón proyectado o armado no es impermeable por naturaleza. Su red de poros capilares permite el paso lento de humedad, sobre todo cuando la presión hidrostática del terreno empuja desde el exterior. A esto se suma la microfisuración por retracción durante el curado, que rara vez se percibe a simple vista pero abre caminos microscópicos al agua.

El revestimiento —gresite, porcelánico o liner armado— actúa como barrera principal, mientras que la impermeabilización previa del vaso sella esas vías. Cuando se omite o envejece, la fuga aparece en juntas, pasamuros de skimmers, focos y sumideros, puntos donde el material trabaja bajo tensión constante.

El método del cubo: medir antes de romper

Antes de picar, conviene cuantificar. El test del cubo consiste en colocar un recipiente flotando con agua hasta un nivel marcado y compararlo con el descenso del vaso durante 24 horas, con la depuradora apagada. Si la piscina baja más de tres milímetros al día y el cubo no, existe una pérdida real.

Repetir la medición con el sistema en marcha ayuda a distinguir entre una fisura en el vaso y una avería en el circuito hidráulico. Si la pérdida se acelera con la bomba encendida, el problema está en tuberías o en el grupo de filtración, no en el hormigón.

Localización sin obra: tintes y presión

Los colorantes vegetales vertidos cerca de sospechosos —boquillas, rejillas, encuentros de escalera— revelan corrientes hacia el exterior en pocos minutos. Para la red de conductos, la prueba de presión con tapones aislantes confirma qué tramo pierde antes de abrir solera.

La termografía infrarroja detecta humedad oculta bajo el revestimiento y resulta útil cuando el vaso parece intacto pero el terreno circundante se satura.

Reparación proporcionada al daño

Una fisura capilar se resuelve con selladores elásticos de poliuretano o resinas epoxi inyectadas, que penetran y recuperan la estanqueidad sin demolir. Si el fallo afecta a una junta estructural o a un pasamuros, se sustituye la pieza y se reconstruye la impermeabilización local con mortero osmótico.

Cuando el revestimiento ha perdido adherencia en superficies extensas, la solución pasa por renovar la impermeabilización completa del vaso antes de colocar el nuevo acabado. Este paso, aunque costoso, evita repetir la reparación cada temporada.

Prevenir cuesta menos que reparar

Controlar el pH entre 7,2 y 7,6 reduce la agresividad del agua sobre morteros y juntas. Mantener el nivel dentro de los límites del skimmer evita tensiones en los pasamuros, y revisar anualmente los encuentros de focos y rejillas anticipa fugas antes de que se conviertan en obra.