Una piscina de hormigón puede parecer sólida durante años y, sin embargo, perder agua por rincones que no se ven. La diferencia entre una fuga grave y una simple evaporación suele estar en la observación metódica, no en la intuición. Antes de llamar a un especialista conviene descartar causas triviales y entender cómo se comporta la estructura.
Evaporación o pérdida real
En climas cálidos, un vaso al aire libre puede bajar entre 2 y 5 milímetros diarios por evaporación, especialmente con viento y baja humedad. Para distinguirlo, llena un recipiente con agua y colócalo sobre el borde durante 24 horas: si el descenso es similar al de la piscina, el problema es atmosférico. Si la bajada del vaso supera claramente la del recipiente, hay una fuga activa.
Los puntos ciegos del hormigón
El agua rara vez escapa por el centro de un paño; busca juntas y penetraciones. Los lugares más habituales son la unión entre muro y solera, los pasamuros de skimmers e impulsores, las boquillas de luz, el sumidero y las grietas capilares del revestimiento. Una grieta de apenas medio milímetro puede vaciar cientos de litros al mes sin dejar charco visible, porque el agua se filtra por el terreno.
Prueba del cubo y del colorante
El test del cubo confirma la pérdida; el colorante la localiza. Con la depuradora parada, aplica unas gotas de colorante cerca de cada junta sospechosa y observa si el trazo se dirige hacia un punto concreto. Si el tinte se disuelve rápidamente en una rendija, ahí está el origen. Repite la operación en skimmers, focos y desagües de fondo.
Cuándo interviene la estructura
Las fugas que persisten tras revisar juntas y accesorios suelen apuntar a fisuras estructurales o a una impermeabilización agotada. En ese caso, la solución pasa por reparar la grieta con mortero hidráulico y sellador elástico, o por renovar el revestimiento si el vaso presenta desprendimientos generalizados. Actuar pronto evita que la filtración erosione el terreno bajo la solera y comprometa la estabilidad del conjunto.
Controlar el nivel cada semana con una marca fija en la pared es el hábito más eficaz: detectar una pérdida de dos centímetros en un día permite resolver el problema antes de que se convierta en una obra costosa.
