El mantenimiento de una piscina de hormigón no consiste en reaccionar cuando el agua se vuelve verde, sino en anticiparse con una rutina sencilla que mantenga el vaso, el circuito y los equipos en condiciones óptimas durante todo el año. A diferencia de las piscinas de liner, el hormigón proyectado o armado exige vigilar la porosidad del revestimiento y la estabilidad de las juntas estructurales, dos puntos donde suelen originarse las averías más costosas.
Revisión semanal del agua
Dedica diez minutos a la semana a medir pH, cloro libre y alcalinidad total. El pH debe moverse entre 7,2 y 7,6; por debajo de ese rango el agua ataca el gresite y la propia masa de hormigón, mientras que por encima el cloro pierde eficacia y aparecen incrustaciones calcáreas. Ajusta primero la alcalinidad (80-120 ppm), después el pH y por último el desinfectante: en ese orden se evita el efecto rebote que descompensa los parámetros cada pocos días.
Limpieza del vaso y del sistema de filtración
El fondo y las paredes se repasan con un cepillo de nylon y un limpiafondos manual o robótico, prestando atención a las esquinas y a la línea de flotación, donde se acumulan grasas y protectores solares. En paralelo, el prefiltro de la bomba se vacía cada semana y el filtro se retrolava cuando el manómetro sube entre 0,3 y 0,5 bar sobre la presión de trabajo. Un cartucho o una carga de arena saturados disparan el consumo eléctrico y favorecen la proliferación de algas aunque el cloro esté correcto.
Calendario estacional
En primavera conviene revisar juntas, rejillas y boquillas antes del primer baño; en verano basta con mantener la dosificación y aumentar las horas de filtración (una hora por cada 10 °C de temperatura ambiente). En otoño, la reducción del uso permite bajar la producción de desinfectante, y en invierno, si no se climatiza, procede el invernaje con el nivel de agua por debajo de los skimmers y el circuito purgado para evitar roturas por heladas.
Errores que acortan la vida del vaso
Vaciar por completo una piscina de hormigón para limpiarla es una práctica arriesgada: la presión del terreno puede agrietar el vaso al desaparecer el contrapeso del agua. Tampoco conviene dejar el equipo de filtración parado durante semanas en pleno verano, ni abusar de floculantes sin controlar el pH. Registrar las lecturas en una libreta o app facilita detectar tendencias y actuar antes de que un desequilibrio derive en manchas o fugas.
