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Cómo mantener la piscina de hormigón: rutina semanal

Una piscina de hormigón bien cuidada conserva su aspecto durante décadas, pero exige una rutina ordenada que combine limpieza, control químico y revisión de los equipos. Esta guía propone un método de trabajo semanal y estacional para que el vaso, el agua y la instalación se mantengan en condiciones óptimas.

Rutina semanal imprescindible

El primer paso consiste en retirar hojas, insectos y residuos flotantes con una red de superficie antes de que se hundan. Después conviene cepillar paredes y escalones para despegar la película orgánica que alimenta a las algas. Por último, pasar el limpiafondos y vaciar los cestillos de skimmers y del prefiltro de la bomba evita que el caudal se reduzca y el motor trabaje forzado.

Equilibrio químico del agua

El pH debe situarse entre 7,2 y 7,6; fuera de ese rango, el cloro pierde eficacia y aparecen incrustaciones o corrosión. Mide también el cloro libre, que ha de mantenerse en torno a 1-2 ppm, y revisa la alcalinidad total cada quince días para estabilizar el pH. La dureza cálcica merece atención en zonas con agua dura, ya que niveles altos generan sarro en el revestimiento y en el intercambiador de la bomba de calor.

Filtración y bomba: el corazón del sistema

Programa la depuración según la temperatura del agua: a más calor, más horas de filtración. Un criterio práctico es filtrar al menos el equivalente a dividir la temperatura entre dos. Limpia el filtro de arena con contralavado cuando el manómetro suba entre 0,3 y 0,5 bares sobre la presión inicial. Si el filtro es de cartucho, lávalo con agua a presión cada temporada y sustitúyelo cuando pierda forma. Revisa las juntas de la bomba y comprueba que no haya burbujas de aire en el prefiltro, señal de una toma de aire en el circuito.

Revisión estacional del vaso

Al inicio de la temporada inspecciona grietas, juntas y rejuntado del gresite; una fisura pequeña puede convertirse en una fuga que desestabilice el nivel y la química del agua. En otoño, antes de invernar, ajusta los parámetros, reduce el nivel si procede y protege la instalación de las heladas. Guarda un registro de los productos aplicados y de las incidencias: ese historial facilita detectar patrones y anticipar averías.

Errores que encarecen el cuidado

Abusar del cloro de choque, ignorar el pH durante semanas o dejar la bomba apagada en pleno verano son fallos frecuentes que acortan la vida de los equipos y del revestimiento. La constancia en pequeñas tareas resulta más rentable que las reparaciones de urgencia.