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Pileta de hormigón: rutina de cuidados por temporada

La pileta de hormigón es una de las inversiones más duraderas que puede hacer un propietario, pero su rendimiento depende de una rutina de cuidado constante y bien entendida. A diferencia de las piscinas prefabricadas, el vaso de hormigón armado o proyectado forma parte de la estructura del jardín y reacciona de manera particular frente al agua, los agentes químicos y los cambios de temperatura.

Por qué el hormigón exige un trato específico

El cemento es un material poroso que, aunque esté impermeabilizado, sigue interactuando con el agua. Si el revestimiento pierde estanqueidad, la humedad penetra en la masa y provoca eflorescencias, desprendimientos de gresite o microfisuras que terminan afectando a la armadura. Por eso conviene revisar cada temporada las juntas, los sumideros y la línea de flotación, donde se acumulan incrustaciones calcáreas con facilidad.

Rutina semanal imprescindible

  • Control de parámetros: mide pH, cloro libre y alcalinidad total al menos dos veces por semana en verano. Un pH fuera del rango 7,2-7,6 reduce la eficacia desinfectante y agrede el revestimiento.
  • Limpieza de superficie: retira hojas y residuos flotantes con la red antes de que se hundan y saturen el filtro.
  • Cepillado de paredes: un cepillo de nylon suave elimina la biocapa donde se adhieren las algas, especialmente en zonas de sombra.
  • Revisión del prefiltro de la bomba: vaciarlo evita que la suciedad llegue al filtro y fuerza el motor.

Filtración: el pulmón de la pileta

Una pileta de hormigón bien filtrada necesita que el agua complete al menos dos ciclos diarios en temporada alta. Esto implica calcular el caudal de la bomba y ajustar las horas de funcionamiento según el volumen del vaso. El filtro de arena debe lavarse a contracorriente cuando el manómetro suba entre 0,3 y 0,5 bares por encima de la presión inicial. Si el filtro es de cartucho, la limpieza manual se impone cada dos semanas aproximadamente.

Tratamiento químico sin excesos

El cloro sigue siendo el desinfectante más utilizado, pero conviene complementarlo con floculante para agrupar partículas finas y facilitar su retención en el filtro. En piletas con mucho uso, la dosificación automática mediante bombas peristálticas o sistemas de electrólisis salina aporta estabilidad y reduce los picos de cloro combinado, causantes del olor característico y de la irritación ocular.

Señales de que el revestimiento pide atención

Manchas marrones o verdosas que no ceden con el cepillado, piezas de gresite despegadas, juntas ennegrecidas o un consumo de agua superior a lo habitual son indicios de que la impermeabilización ha comenzado a fallar. Actuar en las primeras fases evita intervenciones costosas y prolonga la vida útil del vaso durante décadas.

Invernaje y apertura

Si la pileta permanece cerrada en invierno, reduce el nivel de agua por debajo de los skimmers, añade un tratamiento de choque y cubre el vaso para impedir la entrada de residuos. En la apertura primaveral, realiza una limpieza profunda, equilibra los parámetros y deja funcionar la filtración de forma continua durante 24-48 horas antes del primer baño.

Una pileta de hormigón bien mantenida no solo luce mejor: también consume menos productos químicos, exige menos reparaciones y conserva el valor de la vivienda. La constancia en pequeñas tareas marca la diferencia entre un vaso que envejece con dignidad y otro que se convierte en un problema recurrente.