El agua de una piscina de hormigón rara vez se ensucia por casualidad. Detrás de un vaso turbio o de paredes resbaladizas suele haber un desequilibrio entre lo que entra al sistema y lo que el sistema es capaz de evacuar. Entender ese circuito es la clave para que la limpieza deje de ser una carrera contra el reloj y se convierta en una rutina predecible.
El origen de la suciedad: tres frentes simultáneos
Conviene distinguir entre residuos físicos (hojas, tierra, pelos, cremas solares), residuos orgánicos disueltos (sudor, orina, restos vegetales) y microorganismos. Los dos primeros alimentan a los terceros: cada hoja que se descompone en el fondo consume cloro y libera nutrientes que favorecen la proliferación de bacterias y algas. Por eso retirar la materia sólida antes de que se hunda marca la diferencia.
La secuencia correcta de trabajo
El orden importa más de lo que parece. Empezar cepillando y terminar pasando el limpiafondos no es casual: cada paso prepara el siguiente.
- Superficie. Con una red de mango largo, recoge hojas y objetos flotantes. Hazlo a diario en otoño y cada dos o tres días en verano.
- Skimmers. Vacía las cestas antes de que el pelo y la hierba obstruyan la aspiración; un skimmer saturado reduce el caudal y la filtración pierde eficacia.
- Paredes y línea de agua. El cepillo debe recorrer el vaso completo, incluida la zona de salpicaduras, donde se acumulan grasas y protectores solares. En hormigón, esta franja tiende a fijar biofilm si no se frota con regularidad.
- Fondo. El limpiafondos, manual o robótico, arrastra la sedimentación fina que el filtro no retiene bien.
- Prefiltro de la bomba. Revisa la cesta de la bomba: una obstrucción aquí provoca cavitación y pérdida de rendimiento.
- Filtro. Según el tipo (arena, vidrio, cartucho), lava a contracorriente o sustituye el cartucho cuando la presión del manómetro suba entre 0,3 y 0,5 bares sobre el valor inicial.
El papel del agua, no solo del cepillo
La limpieza física no sustituye el control químico. Un pH entre 7,2 y 7,6 y un cloro libre adecuado mantienen el agua oxidante y evitan que las paredes se vuelvan deslizantes. Cuando el agua aparece velada, aumenta la filtración varias horas al día antes de recurrir a floculantes: muchas turbideces se resuelven simplemente con más recirculación y un filtro limpio.
Errores frecuentes en piscinas de hormigón
Cepillar solo el fondo, olvidar la línea de agua durante semanas o limpiar el filtro únicamente al final de la temporada son descuidos habituales. También lo es vaciar el vaso por completo para limpiarlo: además de innecesario, somete la estructura a tensiones que el hormigón no siempre absorbe bien. Y conviene recordar que el agua estancada en zonas de poca circulación, como escalones o esquinas, necesita atención extra porque allí el desinfectante llega con menos fuerza.
Una rutina sostenible
Diez minutos diarios de superficie y skimmers, un cepillado semanal completo y una revisión mensual de filtros y parámetros bastan para mantener el vaso en condiciones. La limpieza no consiste en reaccionar cuando el agua se pone verde, sino en impedir que llegue a estarlo.
