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Cómo limpiar piscina de hormigón: eflorescencias y cemento

La limpieza de una piscina de hormigón no se limita a pasar la red por la superficie. El vaso de obra genera residuos específicos —polvo de cemento, eflorescencias, restos de mortero en la puesta en marcha— que exigen un protocolo distinto al de una piscina prefabricada. Abordarla con método evita que la suciedad se incruste en el revestimiento y que el sistema de filtración trabaje de más.

Por qué el hormigón ensucia de forma diferente

El hormigón es poroso y alcalino. Durante los primeros meses libera partículas calcáreas que enturbian el agua y se depositan como una capa blanquecina en paredes y suelo. Si esa película se deja secar al sol, se adhiere al gresite o al revestimiento y cuesta más retirarla. Por eso la limpieza debe ser frecuente al inicio y apoyarse en cepillos de cerdas duras, nunca metálicas, para no rayar el acabado.

Rutina semanal en cuatro pasos

  1. Superficie: recoge hojas y flotantes con la red antes de que se hundan y fermenten.
  2. Fondo y paredes: cepilla en sentido descendente para arrastrar biofilm hacia los desagües. El cepillo de nylon con mango telescópico funciona mejor que el de goma en vasos rugosos.
  3. Línea de agua: es la zona crítica. Los aceites corporales y el protector solar forman una banda grasa donde se fija la cal. Una esponja con desincrustante suave, aplicada antes de que endurezca, resuelve el problema sin frotar en exceso.
  4. Filtración: limpia la cesta del skimmer y retrocede el filtro según la presión del manómetro. Un filtro saturado devuelve suciedad al vaso.

Productos: menos es más

La limpieza eficaz no depende de acumular botes. Un desincrustante para la cal, un limpiador de línea de agua y un floculante puntual cubren casi todo. Evita mezclar ácidos con cloro: además de anular la desinfección, generan vapores irritantes. Para manchas de óxido o de cobre, aplica el producto localizado con el agua en recirculación y nunca sobre el revestimiento seco.

Errores que encarecen el mantenimiento

Vaciar la piscina para limpiarla a presión es una mala idea en vasos de hormigón: el empuje del terreno puede agrietar la estructura si se alivia el peso del agua sin estudio previo. Tampoco conviene cepillar al sol fuerte, porque el producto se seca antes de actuar. Y conviene recordar que la limpieza del vaso no sustituye el control de pH y cloro: un agua desequilibrada vuelve a ensuciar en días.

Con constancia, la piscina mantiene su color, el revestimiento dura más y el consumo de químicos baja. La clave está en actuar sobre la suciedad antes de que se transforme en incrustación.