La limpieza de una piscina de hormigón no consiste únicamente en pasar la red. El vaso, el sistema de filtración y la calidad del agua forman un conjunto donde cada pieza influye en las demás. Descuidar una sola de ellas acaba generando incrustaciones, biofilm en las paredes o un consumo excesivo de productos químicos.
El fondo y las paredes: más que estética
El hormigón, aunque esté revestido con gresite o microcemento, presenta microporos donde se adhieren grasas corporales, protector solar y restos orgánicos. Pasar el limpiafondos dos veces por semana en temporada alta evita que esos residuos fermenten. Para las paredes, un cepillo de cerdas de nylon resulta suficiente; los cepillos metálicos rayaron el acabado y facilitaron la futura acumulación de suciedad.
En zonas de sombra, la película de algas verdosas aparece antes de lo esperado. Una limpieza manual puntual con una esponja suave y agua con pH controlado resuelve el problema sin recurrir a choques de cloro innecesarios.
La línea de flotación: el punto olvidado
La franja donde el agua toca el revestimiento acumula una capa grasienta que ningún sistema automático elimina. Un paño de microfibra impregnado en una solución diluida de limpiador desincrustante, aplicado cada quince días, mantiene esa banda limpia y previene manchas difíciles de revertir. Conviene revisar también las escaleras y el skimmer, donde se depositan hojas y cremas.
Filtración: el motor invisible de la limpieza
Ningún cepillado compensa un filtro saturado. El lavado a contracorriente debe ejecutarse cuando el manómetro suba entre 0,2 y 0,3 bares por encima de la presión de referencia. En piscinas de hormigón con arena, una limpieza profunda del lecho cada temporada alarga la vida del medio filtrante. Los cartuchos, en cambio, se limpian con agua a presión y se sustituyen cuando el material pierde consistencia.
Agua limpia, superficies limpias
Mantener el cloro libre entre 1 y 2 ppm, el pH entre 7,2 y 7,6 y una dureza cálcica controlada impide la formación de sarro y de depósitos calcáreos sobre el hormigón. Una dosis semanal de floculante en piscinas con mucha carga orgánica mejora la eficacia del filtro y reduce el trabajo manual.
La limpieza constante convierte el mantenimiento en una rutina breve, no en una emergencia de verano.
