index

Microfisuras en piscina de hormigón: sellado antes de vaciar

Una piscina de hormigón puede perder cientos de litros al día sin que aparezca un charco visible. El agua se filtra por microfisuras del vaso, juntas de skimmers o el sistema de impulsión, y el descenso se confunde con evaporación normal. Detectar ese escape a tiempo marca la diferencia entre un sellado puntual y una obra de reparación completa.

Por qué el hormigón desarrolla fugas invisibles

El gunitado o el hormigón armado no es impermeable por sí mismo: la estanqueidad la aporta el revestimiento. Cuando el gresite pierde lechada, el porcelánico se despega o la pintura epoxi se agrieta, el agua entra en contacto directo con el soporte. Las armaduras se oxidan, el óxido empuja el material y la grieta crece. Además, las juntas de encuentro entre vaso, sumidero y boquillas son puntos críticos donde la retracción del hormigón abre caminos de milímetros que bastan para drenar la piscina.

Prueba del cubo: el primer diagnóstico

Antes de llamar a un especialista, conviene cuantificar la pérdida. Llena un recipiente con agua de la propia piscina y colócalo sobre el primer escalón, con el borde al mismo nivel que el agua del vaso. Marca ambos niveles a las 24 horas. Si el descenso del vaso supera al del cubo en más de tres milímetros, hay fuga real y no simple evaporación. Repite la medición con la depuradora apagada: si la pérdida se reduce drásticamente, el problema está en el circuito de impulsión o en el skimmer, no en el vaso.

Dónde mirar antes de romper

Inspecciona las juntas de las boquillas de impulsión y aspiración con una lupa; una línea oscura de humedad permanente delata la entrada. Revisa también el vaso de compensación si existe: un nivel que baja sin que el vaso principal se mueva indica fuga en el desbordante. En piscinas con playa, la unión entre la zona poco profunda y el vaso principal suele ser el punto débil por el cambio de espesor del hormigón.

Reparación o renovación del revestimiento

Las grietas capilares se sellan con resinas epoxi inyectadas y un nuevo acabado impermeabilizante. Si el revestimiento tiene más de quince años y presenta desprendimientos generalizados, conviene valorar la renovación completa con porcelánico antideslizante o liner armado, que aporta una lámina continua y elimina las juntas rígidas. Cualquier intervención debe incluir la prueba de estanqueidad del circuito antes de cerrar el vaso, para no repetir la obra al año siguiente.