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Prueba del cubo para saber si mi piscina pierde agua

Una piscina que baja de nivel más de lo que justifica la evaporación normal esconde casi siempre un problema que conviene atajar pronto. Antes de llamar a un especialista, puedes hacer tú mismo una comprobación básica que ahorra tiempo y dinero: mide la pérdida diaria con el vaso en reposo y bomba apagada. Si el descenso supera los 3-4 mm por día en verano, hay una fuga activa.

Prueba del cubo: el primer filtro

Llena un cubo con agua de la propia piscina y colócalo sobre un escalón, con el nivel interior igual al del vaso. Marca ambos niveles y espera 24 horas. Si el agua del cubo baja menos que la de la piscina, la pérdida no es evaporación: existe una fuga en el vaso o en el circuito. Esta prueba sencilla descarta falsos positivos y evita intervenciones innecesarias.

Dónde suele esconderse el agua

Las filtraciones más frecuentes aparecen en tres frentes: la junta entre el skimmer y el vaso, las boquillas de impulsión y el sumidero inferior. En piscinas de hormigón con años de servicio, el gresite desprendido o las microfisuras del revestimiento también dejan escapar agua de forma silenciosa. Observa si aparecen zonas húmedas persistentes en el césped o en el solado perimetral: son pistas fiables de una fuga en la estructura.

Prueba de presión en la instalación

Si el nivel baja solo con la depuradora en marcha, el problema está en la tubería. Tapona las boquillas y el skimmer, conecta un manómetro al circuito y comprueba si la presión cae. Una bajada sostenida indica rotura en el ramal enterrado, algo habitual en instalaciones antiguas con tubería de PVC rígido sometida a movimientos del terreno.

Cuándo intervenir sin esperar

Una fuga no corregida provoca sobredosis de productos químicos, sobrecalentamiento de la bomba por entrada de aire y, a medio plazo, socavones bajo el vaso. Si detectas humedad estructural o el nivel cae más de 5 cm en una semana, conviene encargar una prueba de estanqueidad con cámara o geófono. Reparar a tiempo una junta cuesta una fracción de lo que supone rehacer el vaso.

Documentar la evolución del nivel con fotos y fechas ayuda al técnico a identificar el origen con precisión y a presupuestar la solución adecuada sin sobredimensionar la obra.