Cuando el nivel de una piscina desciende más de lo que explicaría la evaporación, el problema rara vez se resuelve añadiendo agua cada semana. Conviene medir antes de actuar: coloca un cubo con agua sobre el primer escalón y compara su descenso con el del vaso durante 24 horas. Si ambos bajan igual, hablamos de evaporación; si el vaso pierde más, existe una fuga activa.
Las tres localizaciones que concentran la mayoría de pérdidas
La experiencia en reparaciones apunta a un patrón repetido. Primero, la junta entre el skimmer y el vaso: el movimiento estructural del hormigón suele abrir una microfisura que solo se detecta con el agua por debajo del nivel de aspiración. Segundo, las penetraciones de boquillas y focos, donde el sellante rígido se agrieta con los ciclos térmicos. Tercero, la propia red de impulsión enterrada, cuya prueba requiere taponar retornos y someter el circuito a presión controlada.
Método de descarte sin obra
Marca el nivel con cinta, apaga la depuradora y observa 12 horas. Si la pérdida se detiene con el equipo parado, la sospecha se traslada al circuito hidráulico y no al vaso. Repite después con el equipo en marcha para confirmar. Este sencillo ensayo evita picar revestimiento de forma innecesaria y orienta el presupuesto hacia el punto correcto.
Qué exigir al profesional
Un diagnóstico serio incluye prueba de estanqueidad por sectores, revisión de la válvula selectora y comprobación del vaso de compensación cuando existe. Pide el informe por escrito con las zonas descartadas: esa documentación resulta clave si más adelante aparece una segunda pérdida y necesitas reclamar garantías.
Prevención que funciona
Mantener el pH entre 7,2 y 7,6 reduce la agresividad del agua sobre juntas y morteros. Revisar los sellantes flexibles cada dos temporadas y no vaciar el vaso sin necesidad evitan buena parte de las fisuras por descompresión. Una piscina que pierde agua no siempre necesita una reforma integral: a menudo basta con localizar el punto exacto y sustituir la junta dañada.
