Una piscina que baja de nivel más de lo que corresponde a la evaporación normal esconde casi siempre un problema que no se ve a simple vista. Antes de llamar al especialista, conviene hacer una comprobación sistemática que permita localizar el origen y evitar obras innecesarias.
Primer filtro: descartar la evaporación
En verano, una lámina de agua expuesta puede perder entre 3 y 8 mm diarios según la temperatura, el viento y la hora de sol. Para saber si la pérdida es real, coloca un cubo con agua junto al borde y compara ambas disminuciones durante 24 horas. Si el nivel del vaso baja más que el del cubo, hay fuga.
Prueba del balde y del tapón de fondo
Con la depuradora parada, marca el nivel con cinta y observa dos periodos separados: uno con el vaso en reposo y otro con el circuito en marcha. Si la pérdida se acelera al encender la bomba, el fallo está en la impulsión o en el retorno. Si ocurre siempre igual, el punto débil suele estar en el propio vaso, en los skimmers o en el desagüe de fondo.
Inspección del vaso con tinte
Un colorante alimentario aplicado cerca de grietas, juntas de gresite, boquillas o embellecedores revela corrientes de succión invisibles al ojo. Trabaja sin filtrado y con el agua tranquila: una pequeña nube que se dirige hacia una rendija confirma la entrada de agua hacia el exterior.
Revisar el circuito hidráulico
Las conducciones enterradas también pierden. Busca zonas del jardín más verdes o hundidas de lo habitual, sobre todo en el trazado entre la sala de máquinas y el vaso. Una prueba de presión con aire o agua en cada línea aislada permite saber qué tramo falla sin levantar solado.
Cuándo intervenir y cómo
Las microfisuras se resuelven con resinas de inyección o morteros hidrófugos; las juntas deterioradas de gresite, rejuntando de nuevo. Si la estructura presenta asentamientos, la solución pasa por impermeabilización continua bajo nuevo revestimiento. Detectado el punto exacto, el coste se reduce a una reparación puntual en lugar de vaciar y rehacer el vaso completo.
