Una piscina que baja de nivel entre dos días soleados rara vez se explica solo por la evaporación. Antes de rellenar una y otra vez, conviene leer lo que el vaso intenta decirte. Estas son las pistas que delatan una fuga real frente a una simple pérdida por clima.
1. El nivel cae más de lo razonable
En una jornada cálida y con viento moderado, la evaporación ronda los 3-5 mm diarios en una lámina de agua expuesta. Si tu piscina baja 2 cm en 24 horas o mantiene la pérdida aunque el cielo esté nublado, el agua se está yendo por otro sitio. La prueba del cubo —un recipiente flotando junto al borde— permite comparar ambas bajadas y descartar causas meteorológicas.
2. Manchas de humedad que no desaparecen
El terreno alrededor del vaso ofrece información valiosa. Una franja de césped siempre verde, un pavimento que se oscurece sin lluvia o una zona del jardín que se hunde ligeramente apuntan a una filtración en el vaso o en las conducciones enterradas. Conviene revisar también la base del muro perimetral: la eflorescencia blanquecina indica paso de agua a través del hormigón.
3. El consumo del contador no cuadra
Anota la lectura del contador antes y después de un día sin usar la piscina, con el sistema de reposición cerrado. Si el consumo sube sin que hayas abierto ningún grifo, tienes una fuga activa. Este dato, además, sirve para calcular el caudal perdido y dimensionar la reparación con precisión.
4. Ruidos y aire en el circuito
Burbujas en los impulsores, chasquidos en la bomba o un prefiltro que se vacía con el equipo parado delatan entrada de aire. A veces el aire no viene de una aspiración obstruida, sino de una grieta en la tubería de aspiración que, al estar por debajo del nivel freático, también deja escapar agua.
5. Grietas finas en el revestimiento
El gresite despegado, las juntas abiertas o una fisura capilar en el mortero no siempre se ven a simple vista. Pasa la mano por la superficie: una zona más fría o con relieve indica separación entre el revestimiento y el soporte. Ahí es donde el agua encuentra su camino.
Qué hacer antes de picar
No improvises reparaciones. Localiza primero el punto exacto con una prueba de tinte en las zonas sospechosas (pastillas de fenolftaleína o colorante vegetal) y, si el vaso está estable, realiza una prueba de estanqueidad con el nivel de agua controlado durante 48 horas. Documenta la pérdida en litros por hora: es el dato que cualquier técnico pedirá antes de proponer una solución.
Detectar la fuga a tiempo evita que el problema pase del revestimiento al hormigón estructural, donde el coste se multiplica. Una piscina que pierde agua de forma constante no se arregla añadiendo más agua: se diagnostica.
