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Cómo sellar las juntas de la piscina y evitar fugas

Cuando llega el calor, la mayoría de propietarios centra su atención en el agua: cloro, pH, filtros. Sin embargo, existe un elemento silencioso que compromete la estructura y pasa desapercibido durante meses: el sellado de las juntas de la piscina. Un cordón elástico envejecido puede derivar en filtraciones que, sumadas a lo largo de una temporada, vacían cientos de litros y erosionan el vaso de hormigón.

Por qué falla un sellado que parecía correcto

Los poliuretanos y las siliconas de calidad pierden elasticidad por tres vías: la radiación ultravioleta, los ciclos de contracción y dilatación del vaso y la agresión química del cloro combinado. En una piscina con orientación sur, el material puede endurecerse en apenas dos temporadas, apareciendo microfisuras donde antes había una unión flexible. El agua encuentra ahí su camino hacia el trasdós y, lo que empieza como una mancha de humedad, acaba afectando al solado perimetral.

Inspección práctica en cuatro puntos

Antes de contratar una reparación, conviene recorrer el vaso con una linterna y palpar cada junta. Los puntos críticos son la unión entre pared y solera, el encuentro con los skimmers, las boquillas de impulsión y el perímetro de la escalera. Una junta correcta se hunde ligeramente bajo la presión del dedo y recupera su forma; si se agrieta o se despega con facilidad, ha superado su vida útil. También merece atención el cordón de las gomas de las tapas de los focos sumergidos, donde la humedad se acumula con frecuencia.

Cómo ejecutar un resellado duradero

El error más habitual es aplicar producto nuevo sobre el viejo. El procedimiento fiable exige retirar por completo el sellante existente con un gancho o espátula de plástico, limpiar el soporte con un cepillo de púas y secar la junta hasta que no quede rastro de humedad. Después se coloca un cordón de respaldo que evite el sellado en tres caras y se aplica masilla de poliuretano con pistola, alisando con agua jabonosa antes de que forme piel. El curado completo requiere entre 24 y 48 horas sin contacto con el agua, por lo que la intervención se planifica mejor en pretemporada.

Señales que delatan una fuga oculta

Descensos de nivel superiores a tres centímetros diarios con la piscina en reposo, manchas de humedad persistentes en el pavimento o un consumo de agua de reposición anómalo son indicios claros. En esos casos, el sellado perimetral ya no basta y conviene realizar una prueba de estanqueidad por sectores para descartar fisuras estructurales en el vaso.

Dedicar una mañana a revisar las juntas antes de llenar la piscina evita sorpresas en pleno agosto y prolonga la vida del hormigón.