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Grietas en piscina de hormigón: reparar según el tipo

Una piscina de hormigón bien ejecutada puede durar décadas sin problemas estructurales, pero las grietas y las filtraciones aparecen cuando falla algún eslabón de la cadena: el terreno, el armado, la impermeabilización o el mantenimiento. Entender el origen de cada patología es el primer paso para reparar con criterio y no limitarse a tapar la mancha.

Grietas estructurales frente a fisuras superficiales

No todas las grietas comprometen el vaso. Las fisuras capilares, de menos de 0,3 mm, suelen ser retracciones del morro de cemento durante el curado y se resuelven con selladores elásticos. Las grietas que atraviesan el muro de lado a lado, en cambio, indican movimientos del terreno, un armado insuficiente o una junta de construcción mal tratada. Antes de inyectar resina epoxi o mortero hidráulico, conviene comprobar si la abertura sigue activa colocando testigos de yeso o papel durante varias semanas.

El papel de la impermeabilización

El hormigón es un material poroso. Aunque el vaso esté armado y sin fisuras visibles, el agua puede migrar a través de la matriz cementosa si no existe una barrera continua. Los sistemas más fiables combinan una lámina impermeabilizante flexible bajo el revestimiento con un gresite o porcelánico colocado con adhesivo hidrófugo. Cuando se detecta una pérdida de nivel de agua superior a 3 mm al día, con la depuradora parada, hay que descartar primero fugas en el circuito hidráulico y en los skimmers antes de sospechar del vaso.

Reparaciones que funcionan a largo plazo

La solución rápida —sellar con silicona o pintar encima— fracasa al primer ciclo de llenado y vaciado. Las reparaciones duraderas siguen tres pasos: abrir la grieta en V, limpiar con agua a presión y rellenar con mortero de reparación tixotrópico o resina de inyección. Si la fisuración es generalizada en un vaso antiguo, la renovación completa del revestimiento con mortero impermeable y nuevo acabado cerámico resulta más rentable que las intervenciones puntuales repetidas.

Prevención desde el proyecto

Un estudio geotécnico del terreno, un armado calculado para las cargas reales y juntas de dilatación bien situadas reducen drásticamente el riesgo futuro. Además, mantener el pH entre 7,2 y 7,6 y una alcalinidad correcta protege el hormigón y los morteros de la agresión química. Revisar el vaso cada temporada, con la piscina vacía o a media carga, permite detectar fisuras incipientes cuando aún son baratas de tratar.