Una piscina de hormigón pierde agua por muchos sitios, pero las juntas de construcción y el encuentro entre vaso y solera concentran la mayoría de las fugas silenciosas. Detectar el origen a tiempo evita excavaciones innecesarias y facturas de agua desproporcionadas.
Por qué el hormigón se agrieta y filtra
El hormigón proyectado o armado no es un material elástico. Cuando el terreno asienta de forma desigual, la estructura trabaja a flexión y aparecen fisuras capilares por las que el agua escapa a razón de pocos litros por hora, cantidad suficiente para vaciar varios centímetros de lámina en una semana. A esto se suma la retracción natural del material durante el curado: si no se curó con humedad constante, la microfisuración es casi inevitable.
La prueba del cubo: primer diagnóstico
Antes de sospechar del vaso, conviene descartar el circuito hidráulico. Marca el nivel en la piscina con cinta y coloca un cubo con agua sobre el primer escalón, también marcado. Tras 24 horas sin filtración, compara ambas marcas. Si el descenso es idéntico, la pérdida procede de evaporación o de una fuga en la depuradora; si el vaso baja más que el cubo, el problema está en la estructura.
Puntos críticos donde revisar
- Junta entre pared y solera: es la zona con mayor riesgo por el cambio de plano y las tensiones del terreno.
- Pasamuros de skimmers, focos y boquillas: el sellado con resina o juntas tóricas se degrada con el cloro y la intemperie.
- Esquinas y escalones: concentran tensiones y suelen presentar fisuras en ángulo.
- Encuentro con la playa o el borde: la diferencia de cota provoca movimientos diferenciales.
Reparación según la magnitud
Las fisuras finas menores de 0,3 mm se sellan con mortero hidráulico de reparación o resina epoxi inyectada, previa apertura en V del labio. Si la grieta supera el milímetro o atraviesa el vaso, conviene una inyección de resina flexible desde el trasdós o, en casos graves, la colocación de una lámina de impermeabilización continua bajo el nuevo revestimiento. El gresite y el porcelánico no sellan por sí solos: son acabados, no barreras estancas.
Prevención en la piscina existente
Mantener el nivel de agua estable reduce la presión diferencial sobre el vaso cuando el terreno está saturado. Revisar cada temporada las juntas de los pasamuros y no vaciar por completo la piscina sin necesidad evita que la estructura pierda el contraempuje del agua y sufra movimientos. Un sellado preventivo cada cinco o seis años en los puntos críticos cuesta mucho menos que una reparación estructural.
