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Encofrado y vertido: cómo se hace una pileta

Una pileta de hormigón se construye en obra mediante encofrado y vertido del material o por proyección sobre una armadura metálica. Ese detalle inicial condiciona el resto: la forma, los acabados, la depuración y hasta el presupuesto final. Antes de encargar el proyecto conviene tener claros los factores que encarecen o abaratan la obra y las decisiones que ya no se podrán cambiar cuando el vaso esté lleno.

Del replanteo al primer baño

El proceso arranca con el replanteo sobre el terreno y la excavación según las cotas del proyecto. Después se ejecuta la losa de fondo, se arma el vaso y se procede al hormigonado. La instalación hidráulica (skimmers o desbordante, boquillas de impulsión, sumidero y toma de limpiafondos) debe quedar embebida antes del vertido; cualquier olvido obliga a picar. La impermeabilización y el revestimiento llegan tras el curado, y el llenado no debería iniciarse antes de que el fabricante del material lo autorice. Un plazo habitual ronda las seis y doce semanas, aunque depende del acceso, del clima y de si hay vaso de compensación.

Dimensiones y profundidad según el uso

Una pileta familiar con niños pequeños suele resolver la transición con una playa de 30 a 40 cm y una zona de 1,10 m, reservando el pozo de 1,60 a 1,80 m para adultos que nadan. Si el objetivo es nadar de forma continua, conviene al menos 8 metros de largo libre de escaleras, con una profundidad constante. La superficie de lámina de agua influye directamente en la bomba, el filtro y el tratamiento químico: cada metro cúbico añade coste de mantenimiento durante toda la vida útil.

Revestimiento: la piel que marca el resultado

El gresite ofrece durabilidad y variedad cromática, mientras que el porcelánico antideslizante simplifica la limpieza y aporta un acabado más contemporáneo. La pintura epoxi y el microcemento resultan económicos y permiten renovar sin retirar soporte, pero exigen más cuidado con la química del agua. La impermeabilización previa (mortero osmótico o lámina) no es un extra opcional: es la garantía frente a filtraciones que después se manifiestan como grietas y manchas.

Equipamiento que conviene sobredimensionar

La depuración se calcula en función del volumen y del tiempo de recirculación deseado, no del capricho comercial. Un filtro de arena ligeramente mayor y una bomba de velocidad variable reducen consumo eléctrico y ruido. La iluminación LED, la climatización con bomba de calor y la dosificación automática de cloro son mejoras que se instalan con facilidad durante la obra y se vuelven incómodas después.

Errores que salen caros

Ahorrar en el estudio geotécnico en terrenos con nivel freático alto, omitir el drenaje perimetral o dejar sin prever la toma de tierra de los equipos son fallos que la propia normativa autonómica y el reglamento electrotécnico penalizan. También resulta habitual dimensionar mal la zona técnica: la bomba y el filtro necesitan un espacio ventilado y accesible para el mantenimiento, no un hueco olvidado bajo la terraza.

Presupuesto con partidas cerradas

Pide el desglose por partidas: movimiento de tierras, estructura, impermeabilización, revestimiento, equipamiento hidráulico y eléctrico, y acabados del entorno. Compara con el mismo alcance y pregunta qué no incluye cada oferta. Una pileta de hormigón bien planificada se amortiza en décadas de uso; la que se improvisa acaba pagando las correcciones con reformas prematuras.