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Cómo mantener piscina de hormigón: filtro y bomba

El mantenimiento de una piscina de hormigón no consiste en una lista de tareas sueltas, sino en un sistema donde cada acción condiciona a la siguiente. Entender esa relación marca la diferencia entre un vaso que envejece con dignidad y otro que acumula averías costosas.

El circuito hidráulico como punto de partida

Antes de ajustar químicos conviene revisar el movimiento del agua. Un filtro saturado obliga a la bomba a trabajar contra una resistencia mayor, lo que dispara el consumo eléctrico y acorta la vida del motor. Limpiar los prefiltros de las cestas semanalmente y realizar un lavado a contracorriente cuando el manómetro sube entre 0,3 y 0,5 bares sobre la presión inicial son gestos sencillos que evitan males mayores. Asimismo, conviene comprobar que las boquillas de impulsión orientan el agua hacia los skimmers, generando una corriente superficial que arrastre hojas y residuos flotantes.

Química del agua: estabilidad antes que corrección

El error habitual es perseguir valores perfectos a base de productos. Lo eficaz es mantener la alcalinidad total entre 80 y 120 ppm, porque actúa como amortiguador y evita que el pH oscile sin control. Con esa base asentada, el cloro libre se dosifica con menos frecuencia y la piel de los bañistas lo agradece. En piscinas de hormigón, además, un pH bajo ataca la propia estructura del vaso y favorece la aparición de manchas en el revestimiento, de modo que el control del pH no es solo una cuestión de confort.

Inspección visual del vaso y los revestimientos

Dedicar diez minutos semanales a recorrer el vaso sumergido permite detectar grietas capilares, desprendimientos de gresite o zonas con microcemento descascarillado antes de que se conviertan en filtraciones. Una fisura pequeña se sella con resina; una filtración prolongada puede obligar a vaciar la piscina y rehacer parte del soporte. La observación temprana es, probablemente, la herramienta de mantenimiento más rentable que existe.

Equipos: revisión estacional

La bomba de calor, el sistema de dosificación automática y la iluminación LED requieren un chequeo al inicio de temporada. Limpiar el intercambiador, verificar las sondas de medición y comprobar las juntas tóricas son tareas que evitan paradas en pleno agosto. Asimismo, revisar la puesta a tierra y el cuadro eléctrico forma parte de un mantenimiento responsable y no solo estético.

En conjunto, el mantenimiento sostenible se apoya en la constancia de rutinas breves y en la lectura atenta de los indicadores que la propia piscina ofrece.