El gunitado es la técnica de proyectar hormigón a presión sobre una armadura metálica para formar el vaso de la piscina. En lugar de verter el material en un encofrado, una máquina lo lanza a gran velocidad desde una boquilla, compactándolo capa sobre capa. El resultado es una estructura monolítica, densa y con muy poca porosidad, ideal para soportar la presión constante del agua y los movimientos del terreno.
Cómo se ejecuta el gunitado
Primero se excava el vaso y se perfila el fondo con una capa de hormigón de limpieza. Sobre ella se monta la ferralla: una doble malla de acero que define la forma final y absorbe los esfuerzos. Después, el operario proyecta el hormigón en seco o por vía húmeda, empezando por paredes y terminando por el fondo para evitar acumulaciones. La proyección se realiza en varias pasadas hasta alcanzar el espesor de proyecto, normalmente entre 15 y 25 cm. Por último, se alisa la superficie con fratás y se deja curar el hormigón con riegos controlados durante varios días.
Ventajas frente a otras técnicas
La principal baza del gunitado es la continuidad: al no haber juntas de hormigonado, se reducen las filtraciones. Además, permite adaptar el vaso a formas orgánicas, playas inclinadas o desniveles sin necesidad de encofrados complejos. El material proyectado queda muy compacto, lo que mejora la resistencia a la abrasión y al ataque químico del agua tratada. También agiliza los plazos, ya que no hay que esperar desencofrados entre fases.
Puntos críticos y control de calidad
El gunitado exige mano de obra cualificada y una dosificación rigurosa. Un exceso de rebote —material que no se adhiere y cae— encarece la obra y puede dejar zonas débiles. Conviene comprobar el espesor con testigos y revisar que la armadura quede completamente embebida. Tras el curado, es habitual aplicar una impermeabilización elástica y el revestimiento elegido: gresite, porcelánico, microcemento o pintura epoxi. Un gunitado bien ejecutado es la base de una piscina que dura décadas sin reparaciones estructurales.
