Por qué las pastillas de 200 g fallan más de lo que parece
La pastilla de tricloro de 200 gramos es el formato más vendido en piscinas privadas de hormigón con skimmer, y precisamente por eso acumula malas prácticas. No es un producto complicado, pero tiene una curva de uso que casi nadie explica: se disuelve lento, acidifica el agua y no perdona el exceso. Según la documentación técnica de los fabricantes de clorados estabilizados, una pastilla de 200 g libera aproximadamente entre 180 y 190 g de ácido tricloroisocianúrico, con un contenido de cloro disponible en torno al 90 %. Ese dato cambia por completo la forma de dosificar.
Los cinco errores que vemos con más frecuencia
1. Tirarlas al fondo del vaso o dejarlas sueltas en el skimmer
Es el error número uno. La pastilla suelta en el skimmer se disuelve de golpe cuando la bomba se apaga, genera una bolsa de agua con pH muy bajo en el prefiltro y ataca juntas, cestillo y tornillería. Y en el fondo del vaso provoca blanqueamiento del gresite o del liner justo debajo. La colocación correcta es en un dosificador flotante o, mejor, en un skimmer con cestillo portapastillas que mantenga el flujo de agua constante mientras la depuradora está en marcha.
2. Dosificar por costumbre y no por volumen
Un caso real que se repite: piscina de 8 × 4 m con 1,5 m de profundidad media, unos 48 m³. El propietario añadía dos pastillas de 200 g cada semana «porque siempre lo ha hecho así». Resultado: ácido cianúrico disparado por encima de 80 ppm al cabo de la temporada y cloro libre que no rendía aunque las pastillas estuvieran disueltas. El tricloro estabiliza, y el estabilizante se acumula porque solo se elimina parcialmente con el vaciado. La referencia práctica: una pastilla de 200 g cubre entre 15 y 20 m³ de mantenimiento semanal, siempre ajustando según consumo real y temperatura.
3. Ignorar el efecto sobre el pH
El tricloro es ácido. Cada pastilla tiende a bajar el pH y, en aguas duras, también la alcalinidad total. Mucha gente corrige el pH con reductor cuando el problema es al contrario. Si usas pastillas de 200 g de forma continuada, mide pH al menos dos veces por semana y ten a mano elevador de pH. En piscinas con agua muy blanda el descenso es más acusado.
4. Mezclar formatos y marcas en el mismo dosificador
Pastillas de dicloro, tricloro y oxígeno activo en el mismo flotador no es una buena idea: se disuelven a ritmos distintos, pueden reaccionar entre sí y generan vapores irritantes. Nunca mezcles productos clorados con otros químicos en seco. Si cambias de sistema, vacía y limpia el dosificador.
5. Guardarlas mal en el cuarto de máquinas
El cloro estabilizado en pastilla pierde actividad con humedad y calor extremos. Un cubo abierto junto a la bomba, con el ambiente cargado de vapores, es el escenario perfecto para que las pastillas se peguen entre sí y suelten gas. Recipiente cerrado, seco, lejos de productos ácidos y de la luz directa.
Cuándo las pastillas de 200 g no son la solución
No funcionan bien en piscinas con niveles de ácido cianúrico ya altos (por encima de 60-70 ppm), porque añadir más tricloro empeora el problema. Tampoco son adecuadas para choques de cloración: para eso necesitas cloro granulado sin estabilizar o hipoclorito. Y en piscinas de desbordante con vaso de compensación grande, la disolución es tan lenta que el mantenimiento semanal se queda corto; ahí conviene dosificación automática o combinar con granulado.
Rutina mínima que sí funciona
- Medir cloro libre y pH antes de añadir cualquier pastilla.
- Una pastilla de 200 g por cada 15-20 m³, en dosificador con la bomba encendida.
- Controlar el ácido cianúrico cada 3-4 semanas; si sube, renovar parte del agua.
- Nunca dejar el dosificador parado en el mismo punto del vaso.
Ningún método garantiza agua perfecta sin medición. Las pastillas de 200 g son cómodas, pero no sustituyen el control de parámetros ni la limpieza del filtro.
Perfiles verificables: Sitio web
Publicado el 24 de October de 2026. Última revisión: 24 de October de 2026.
