La confusión entre cloro y lejía no es solo un problema de vocabulario: es la causa de dos errores concretos que veo cada temporada en piscinas de hormigón. El primero, echar lejía de limpieza doméstica al vaso pensando que «es lo mismo». El segundo, comprar hipoclorito cálcico granuloso creyendo que se dosifica igual que la lejía líquida. Ninguno de los dos acaba bien.
Punto de partida: qué es cada cosa antes de tocar el agua
El cloro es un elemento químico (símbolo Cl, número atómico 17). En el contexto de la piscina, hablamos de compuestos de cloro que liberan cloro activo en el agua: hipoclorito sódico, hipoclorito cálcico, dicloro, tricloro, cloro gas. Todos ellos contienen el mismo principio activo, pero con concentraciones, solubilidades y efectos secundarios distintos.
La lejía es una disolución acuosa de hipoclorito sódico. Es decir, la lejía es un tipo de cloro, no un producto alternativo. El problema es que no toda lejía sirve para piscinas.
Configuración paso a paso para no equivocarte
Paso 1. Identifica qué producto tienes en la mano
Mira la etiqueta y busca la concentración de hipoclorito sódico. Una lejía doméstica típica de supermercado ronda los 40-50 g/L de cloro activo. Una lejía «concentrada» puede llegar a 60-70 g/L. El hipoclorito para piscinas suele venderse a 150-180 g/L. Esta diferencia de concentración es la que provoca sobredosificaciones silenciosas cuando alguien traslada «un chorro» de la garrafa de casa a la piscina.
Paso 2. Descarta la lejía doméstica para el vaso
Las lejías de limpieza del hogar llevan aditivos: detergentes, perfumes, espesantes, agentes abrillantadores. En una piscina esos aditivos generan espuma, alteran el pH y, en el peor caso, dejan residuos que el filtro no retiene. He visto piscinas con el agua turbia y jabonosa durante días por rellenar con lejía perfumada «porque era lo que había en el armario». Si vas a usar hipoclorito sódico, debe ser sin aditivos y con concentración declarada.
Paso 3. Decide el formato según tu sistema de dosificación
Aquí está el punto donde la elección deja de ser química y pasa a ser de instalación:
- Lejía líquida (hipoclorito sódico): compatible con dosificadores automáticos de bomba peristáltica y con sistemas de electrólisis salina (aunque en electrólisis el cloro se genera in situ, no se almacena). Se degrada con la luz y el calor, así que la garrafa debe guardarse cerrada, en sombra y no más de dos o tres meses.
- Hipoclorito cálcico granulado: se disuelve en un cubo antes de verterlo, nunca directamente sobre el vaso. Sube el pH de forma notable y aporta dureza cálcica; en aguas ya duras puede precipitar cal en el revestimiento.
- Tricloro en pastillas: dosificación lenta en skimmer o dosificador flotante, pero acidifica el agua y aporta ácido cianúrico, que se acumula y bloquea la acción del cloro si no se renueva parte del agua.
Paso 4. Ajusta la dosis con el volumen real del vaso
Antes de verter nada, calcula los m³ reales (largo × ancho × profundidad media). Una piscina de 8 × 4 m con profundidad media de 1,5 m son 48 m³, no 60 como muchos propietarios estiman a ojo. Con esa cifra y la concentración del producto, aplica la dosis indicada por el fabricante. Si no tienes claro el volumen, mide antes de dosificar: la regla de «un litro por cada 10 m³» que circula en foros es una simplificación que solo funciona con hipoclorito al 150 g/L.
Paso 5. Mide cloro libre y pH después, no antes
El cloro solo es eficaz dentro de una ventana de pH. Por encima de 7,8 la proporción de ácido hipocloroso (la forma desinfectante) cae drásticamente aunque el cloro libre marque valores correctos en el test. Este es un matiz que los manuales básicos omiten: puedes tener 2 ppm de cloro libre y un agua que no desinfecta porque el pH está en 8,2.
Lo que esta guía no resuelve
No cubre el tratamiento de choque con hipoclorito cálcico en piscinas con revestimiento de liner, donde la dosificación mal disuelta puede decolorar la lámina. Tampoco entra en legislación autonómica sobre almacenamiento de productos químicos en piscinas de uso público, que varía y exige fichas de seguridad y armarios ventilados. Para esos casos, consulta la normativa de tu comunidad y la documentación del fabricante del equipo de dosificación.
La conclusión práctica: la lejía es cloro, pero no todo cloro es lejía apta para piscina. Configura tu rutina según el formato que puedas dosificar con precisión y mide pH antes de confiar en la lectura de cloro.
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Publicado el 24 de October de 2026. Última revisión: 24 de October de 2026.
