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Mantenimiento de piscina de hormigón por estaciones

Una piscina de hormigón no se conserva sola: envejece bien solo si el propietario establece una rutina y la respeta. Este calendario resume qué revisar en cada estación para evitar que un problema pequeño se convierta en una obra costosa.

Primavera: despertar el vaso tras el invierno

Antes de llenar y poner en marcha los equipos, conviene inspeccionar visualmente el revestimiento en busca de fisuras capilares, grietas abiertas o piezas de gresite desprendidas. Una grieta de un milímetro detectada a tiempo se sella con resina; ignorada, puede filtrar agua hacia el terreno y comprometer la estructura. Revisa también las juntas de estanqueidad de skimmers y boquillas, y comprueba que las rejillas de fondo estén firmes y sin tornillos flojos.

Al arrancar la depuradora, limpia el prefiltro de la bomba, ceba el circuito y observa la presión del manómetro del filtro: si supera en 0,3 bares el valor de referencia con el filtro limpio, toca retrolavado o cambio de arena. Aprovecha para comprobar el estado del cableado y la toma de tierra; la humedad invernal castiga conexiones que parecían correctas en septiembre.

Verano: vigilancia diaria del agua

En temporada de baño el enemigo no es el desgaste del vaso, sino el desequilibrio químico. Mide pH y desinfectante al menos tres veces por semana; un pH sostenido por encima de 7,8 reduce la eficacia del cloro y favorece incrustaciones calcáreas sobre el gresite. Cepilla paredes y línea de flotación una vez por semana: ese gesto elimina biofilm incipiente y alarga la vida del revestimiento.

Revisa el nivel de agua cada pocos días. Si baja más de lo que justifica la evaporación, sospecha una fuga en el circuito o en el propio vaso y localízala antes de reponer agua sin control. Mantén el skimmer libre de hojas y no dejes que el cestillo se colmate: la bomba trabajará en seco y sufrirá.

Otoño: preparar la estructura para el frío

Es el momento de una inspección más profunda. Vacía parcialmente si tu zona registra heladas fuertes y revisa el interior: manchas de óxido en armaduras, eflorescencias o desprendimientos de mortero indican humedad interna que conviene tratar antes de que el hielo agrande el daño. Limpia a fondo el filtro y sustituye la arena si lleva más de cinco años en servicio.

Protege los equipos: purga las conducciones que puedan congelarse, desconecta la bomba de calor si no va a usarse y cubre el vaso. Una cubierta reduce la evaporación, el aporte de suciedad y el consumo energético de la depuradora.

Invierno: revisiones puntuales sin descuidar el agua

Aunque no haya baños, el agua sigue evolucionando. Con temperaturas bajas el cloro se consume más despacio, pero la materia orgánica que cae al vaso lo demanda igual. Realiza controles quincenales y mantén la filtración en marcha unas horas al día para evitar agua estancada. Aprovecha los meses fríos para programar la revisión de la bomba, el cambio de juntas y la limpieza de la iluminación sumergible.

Un calendario cumplido con constancia cuesta poco y evita rehabilitaciones que multiplican por diez el esfuerzo. La clave no está en reaccionar ante la avería, sino en adelantarse a ella con pequeñas comprobaciones repartidas a lo largo del año.