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pH y dureza del agua en pileta de hormigón: ajuste

Una pileta de hormigón bien construida puede durar décadas, pero su rendimiento depende menos del vaso en sí que de la rutina que se aplica sobre el agua, los revestimientos y los equipos. Esta guía reúne los puntos críticos que marcan la diferencia entre una instalación que envejece con dignidad y otra que acumula averías costosas.

El equilibrio químico como primera línea de defensa

El pH es el parámetro que condiciona todo lo demás. Por debajo de 7,2 el agua se vuelve agresiva y ataca el gresite, las juntas y las piezas metálicas; por encima de 7,6 el cloro pierde poder desinfectante y aparecen turbidez y biofilm en las paredes. La dureza cálcica también merece atención: aguas muy blandas disuelven el carbonato del mortero, mientras que las muy duras generan incrustaciones en el intercambiador de calor y en las boquillas de impulsión.

Conviene medir al menos dos veces por semana en temporada alta y ajustar con productos de corrección dosificados según el volumen real del vaso, no según la etiqueta del envase. Un error habitual es tratar la pileta «a ojo»: la sobrecorrección de pH obliga a repetir el proceso y desestabiliza el resto de parámetros.

Circulación y filtración: el corazón silencioso

El agua debe renovarse por completo al menos una vez cada seis u ocho horas en verano. Si la bomba trabaja pocas horas o el filtro está saturado, el desinfectante se consume antes de llegar a los rincones del vaso. Revisar la presión del manómetro, hacer contravado periódico y comprobar que los skimmers no pierdan caudal son tareas sencillas que evitan la mayoría de las averías de circuito hidráulico.

En piletas con playa o zona de poca profundidad, la aspiración tiende a quedarse corta. Colocar boquillas de impulsión orientadas hacia esas áreas mejora la renovación sin necesidad de aumentar la potencia de la bomba.

Revestimiento: observación temprana

Las primeras señales de deterioro del gresite o del porcelánico no son estéticas, sino físicas: piezas que suenan huecas al pisarlas, juntas que se desgranan o manchas blanquecinas que no desaparecen con el cepillado. Actuar en esa fase implica una reparación puntual; esperar a que el agua se filtre detrás del revestimiento convierte el problema en una obra de mayor alcance.

El microcemento y la pintura epoxi exigen una preparación rigurosa del soporte. Aplicar sobre hormigón húmedo o con eflorescencias garantiza un desprendimiento prematuro, por mucho que el producto sea de gama alta.

Invernaje y arranque de temporada

Bajar el nivel del agua hasta la mitad de los skimmers, cubrir la pileta y reducir la frecuencia de filtración evita daños por heladas en zonas de clima frío. En el arranque primaveral, una limpieza profunda del filtro y una cloración de choque bien calculada ahorran semanas de agua turbia.

Documentar cada intervención —cambios de arena, sustitución de juntas, ajustes de dosificación— permite anticipar el envejecimiento de los equipos y planificar el presupuesto de mantenimiento con criterio.