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Agua dura y pH: mantener la piscina en La Jara

El mapa de pueblos que rodea el corredor entre Talavera, La Jara y el valle del Tiétar dibuja un paisaje donde la piscina deja de ser un lujo y se convierte en el centro de la vida de verano. Desde Cazalegas hasta Navalmoralejo, pasando por Segurilla, Mejorada, Castillo de Bayuela o Montearagón, cada municipio afronta el mismo reto: mantener el vaso en condiciones con recursos limitados y aguas de dureza variable.

En la zona de La Jara y los Montes de Toledo, localidades como Los Navalucillos, Los Navalmorales, Navahermosa, Hontanar o Menasalbas conviven con agua rica en cal. Esa característica obliga a extremar el control del pH y a prever incrustaciones en el gresite y en el intercambiador de la bomba de calor. Un ajuste fino del índice de saturación evita buena parte de las manchas blanquecinas que aparecen tras cada temporada.

Más al sur, en el entorno de Oropesa, Lagartera, Torralba de Oropesa y El Puente del Arzobispo, abundan las segundas residencias con piscina de hormigón construida hace décadas. Muchas presentan grietas capilares y un revestimiento agotado: la solución habitual pasa por renovar el impermeabilizante y optar por liner armado o microcemento, materiales que resisten bien las oscilaciones térmicas de la comarca.

Hacia el valle del Tiétar, poblaciones como Candeleda, Madrigal de la Vera, Jarandilla de la Vera o Losar de la Vera disfrutan de temporadas más largas. Allí gana peso la climatización mediante bomba de calor, que permite bañarse desde abril y alargar el uso hasta octubre sin disparar el consumo. Complementar con una cubierta térmica reduce la evaporación y el gasto energético de forma notable.

En la llanura manchega —Herencia, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Tomelloso, Villafranca de los Caballeros o Villacañas— el viento y el polvo son los enemigos principales. Los skimmers y un sistema de filtración sobredimensionado marcan la diferencia, junto con una dosificación automática de cloro que evita picos y olores.

La clave común en todo este territorio es sencilla: adecuar el equipo al agua disponible, programar el mantenimiento antes de la temporada y elegir un constructor local que conozca el terreno. Así, la piscina deja de dar problemas y vuelve a ser lo que debería ser: el lugar donde se concentran los mejores ratos del año.