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Vaso de compensación en piscina de hormigón desbordante

Planificar una piscina de hormigón empieza mucho antes de que la retroexcavadora toque el jardín. El error más caro suele cometerse en la fase de decisiones: elegir sistema constructivo por precio inicial, ignorar la cota freática o dimensionar mal el vaso de compensación. Estas cinco claves evitan rehacer obra.

1. Proyectado vs. armado: elige según el terreno

El gunitado proyectado permite formas orgánicas complejas con encofrado mínimo, mientras que el hormigón armado in situ ofrece un control mayor del vibrado y del recubrimiento de armaduras. En suelos expansivos o con nivel freático alto, el segundo sistema admite mejor la incorporación de juntas y membranas. Pide al constructor el estudio geotécnico, no una estimación verbal.

2. El vaso de compensación no es opcional en desbordantes

Una piscina con rejilla perimetral necesita un depósito auxiliar capaz de absorber el volumen de la lámina de agua desplazada por los bañistas. Si se sobredimensiona, encarece la excavación; si se queda corto, el sistema pierde agua en cada oleada. Calcula un mínimo del 10 % del volumen del vaso y revisa la cota de la bomba respecto a ese depósito.

3. Impermeabiliza antes de revestir

El gresite y el porcelánico no son barreras de estanqueidad. Bajo ellos debe existir una impermeabilización continua que suba hasta la coronación y selle los pasamuros. Exige la prueba de estanqueidad de 24 horas con el vaso lleno antes de colocar el acabado.

4. Reserva una arqueta para la bomba de calor

Aunque instales solo filtración, deja espacio y preinstalación eléctrica para climatizar en el futuro. La bomba de calor necesita ventilación y un punto de desagüe próximo; resolverlo después obliga a perforar el vaso o a tender tuberías vistas por el jardín.

5. Define el contrato de mantenimiento desde el primer día

Los parámetros del agua cambian con la temperatura y el uso. Un contrato que incluya análisis de pH, cloro combinado y dureza cálcica durante la primera temporada alarga la vida del revestimiento y detecta fugas incipientes antes de que se conviertan en grietas estructurales.

Una piscina bien proyectada se disfruta durante décadas; una improvisada se repara cada verano.